La pregunta es lícita a pesar de la aberración que presupone. Y sobre todo es una pregunta necesaria, es necesario que se brinden todos los debates posibles para que no queden dudas sobre la respuesta: la terapia nunca puede sustituir a la vida.
A diario se escuchan psicoanalistas, incluso de prestigio, decir que la terapia requiere que el paciente (o analizante como les gusta decir a algunos sin ningún sustento epistémico más allá del manierismo lacaniano) esté predispuesto a "hacer terapia", como si con eso alcanzara. Como si hubiera cura posible para un sujeto cuya predisposición se circunscribiera y encontrara razón de ser en "hacer terapia".